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Archive for 21/03/12

2.3. Los clásicos

2.3.1. Émile Durkheim

Émile Durkheim (1858-1917), sociólogo francés, creía, como Comte, que la sociedad tenía que ser estudiada con la misma objetividad con que los científicos estudian la naturaleza. Durkheim era un autor empirista, en la medida en que creía que la experiencia era el medio principal del conocimiento y que nos teníamos que alejar de especulaciones no fundamentadas en la experiencia. Si la sociología pretende ser científica, ha de estudiar los hechos sociales que dan forma a las acciones de los individuos, como si fuesen cosas estudiadas por las ciencias naturales, abandonando los prejuicios y la ideología.

En este sentido, Durkheim diferencia entre hechos sociales materiales, como por ejemplo las instituciones como el Estado o la Iglesia, y hechos sociales inmateriales, como por ejemplo las creencias morales y religiosas, las ideologías, etc.

Durkheim pensaba que estudiando las sociedades a lo largo de la historia se podía hablar de dos tipos de sociedades, las primitivas y las modernas:

  • Sociedades tradicionales y primitivas: con poca población y bajo nivel de interacción, caracterizadas por no tener una estricta división del trabajo (especialización de la población trabajadora en las diferentes ocupaciones) y tener una solidaridad mecánica (unión social espontánea por el hecho de compartir experiencias comunes) y una fuerte presión social sobre el individuo a partir de las creencias y los valores compartidos, que hace difícil el disentimiento.
  • Sociedades modernas: con un incremento notable de población y la subsiguiente división del trabajo y diferenciación social, han roto el tipo de solidaridad mecánica propia de las sociedades tradicionales, y han generado un tipo de solidaridad orgánica, es decir, la cohesión social viene determinada no por la comunidad de creencias, como en las sociedades tradicionales, sino por la interdependencia económica de las personas y el reconocimiento de la importancia de las aportaciones ajenas. A medida que se extiende la división del trabajo y se diversifica la sociedad, baja la conciencia colectiva, se desdibujan las creencias comunes (ideas religiosas, valores morales, normas sociales, etc.), y se genera una debilitación de la presión social que Durkheim denominó anomía.

El concepto de anomía es una de las grandes aportaciones de Durkheim al análisis sociológico. La anomía es un fenómeno de falta de criterio social orientativo, la sensación de la falta de sentido propia de las sociedades modernas, donde la religión ha perdido influencia y las ideas morales ya no cumplen con eficacia la orientación de la conducta; ya no tienen un carácter suficientemente regulativo del comportamiento, de forma que es necesaria la implantación progresiva de leyes externas que regulen el control de la conducta, para no poner en peligro la cohesión social.

Otra de las grandes aportaciones de Durkheim a la sociología es su análisis del suicidio. A pesar de que el suicidio parece un acto puramente individual, fruto de la profunda infelicidad de los individuos y objeto de estudio exclusivo de la psicología, Durkheim afirma que los factores sociales tienen una influencia decisiva en el comportamiento del suicida, siendo la anomía uno de estos factores. El estudio sociológico puede ayudar a explicar el por qué de las pautas regulares del suicidio en una sociedad concreta.

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