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Archive for 22/03/12

2.3. Los clásicos

2.3.2. Max Weber

Max Weber (1864-1920), sociólogo alemán, mantuvo que el objetivo de la sociología no es tanto descubrir las leyes sociales de forma causal, como mantenía Comte, sino, más bien, la comprensión de los fenómenos sociales desde su interior y el porqué de su evolución histórica.

Weber será un sociólogo racionalista, en la medida en que considera la razón como una facultad prioritaria del conocimiento.

Aunque siguió en parte la explicación sociológica de Marx, Weber rechazó su materialismo histórico por economicista, y consideró que los conflictos de clase, pese a ser importantes, no tenían la relevancia que Marx les otorgaba. Según Weber, el impacto de las ideas, los valores y las creencias sobre los cambios sociales es también especialmente significativo. De hecho, para él, la motivación y las ideas del ser humano son grandes fuerzas que impulsan al cambio. Un análisis comparativo entre la religiosidad de las sociedades occidentales y las de otras civilizaciones le permitió observar esta relevancia.

En este sentido, en su obra de referencia, La ética del protestantismo y el espíritu del capitalismo (1908), Weber llega a formular una de sus tesis fundamentales, que ciertos aspectos de la doctrina cristiana (especialmente el protestantismo) habían tenido un papel fundamental en la aparición del capitalismo. La creencia propia del protestantismo de la necesidad de una vida austera, pero haciéndola compatible con la legitimidad de buscar racionalmente el beneficio económico (el enriquecimiento puede ser considerado en el calvinismo incluso como una señal de predestinación a la salvación), así como la consideración del trabajo y su sacrificio como un bien, generaron las condiciones adecuadas para el surgimiento del capitalismo, en contraposición a otras creencias religiosas que veían negativamente la búsqueda del propio beneficio o consideraban el trabajo como una condena. De esta forma, Weber resalta como las ideas y valores culturales ayudan a la constitución de una sociedad y conforman nuestras acciones individuales.

Otro de los conceptos fundamentales que Weber aportó a la sociología es el de racionalización. Mientras que en las sociedades tradicionales los principales componentes que configuraban las actitudes y los valores eran la religión y las creencias tradicionales basadas en la superstición, la costumbre y los hábitos enraizados socialmente, en las sociedades modernas estas creencias estaban siendo substituidas por cálculos racionales e instrumentales que tenían más en consideración la eficiencia y la visión de futuro que las propias tradiciones. En este sentido, la ciencia (que posibilita la tecnología moderna) y la burocracia (única forma de organización eficaz de los numerosos grupos de personas) propias de las sociedades modernas contribuyen notablemente a esta racionalización, que busca la manera más eficiente de generar riqueza y que será especialmente importante en la generación de cambios económicos, políticos y sociales.

Weber pensó, sin embargo, que este proceso de racionalización propio de las sociedades modernas puede producir desencanto entre la población por la pérdida de los elementos sentimentales que tenían las sociedades tradicionales y, por otra parte, advierte de las posibles consecuencias asfixiantes y deshumanizadoras de la moderna burocracia, así como de los peligros que comporta para la democracia.

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