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Archive for the ‘SOCIOLOGÍA’ Category

2.4.2. El interaccionismo simbólico

El interaccionismo simbólico defiende que todos los elementos de la vida social y cultural son el resultado de las interacciones sociales, es decir, son el resultado de la comunicación entre dos o más personas, que son las que negocian continuamente el significado de las cosas.

El principal representante de esta corriente es George Herbert Mead (1863-1931). Mead insistió en la importancia del lenguaje como un rasgo definitorio del ser humano. Gracias al lenguaje nos autoconocemos e interaccionamos con los otros. El lenguaje, sin embargo, es una realidad simbólica, es decir, una convención humana que otorga significados a ciertas palabras o expresiones, de forma que nuestra relación social la hacemos esencialmente a partir de símbolos.

El interaccionismo simbólico de Mead dirige su atención al análisis de pequeños detalles de esta interacción social que acaba creando la sociedad y sus instituciones. A veces ha sido criticado por no prestar atención a la importancia del poder o de las estructuras sociales y la presión que ejercen en la conducta social.

 

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2.4.1. El estructural-funcionalismo

El estructural-funcionalismo defiende que la sociedad es como un organismo vivo, un todo formado por elementos interdependientes entre sí que no se pueden comprender aisladamente. Cada uno de estos elementos tiene un papel importante a la hora de mantener el equilibrio del todo. Así, la sociología tiene como finalidad estudiar la relación existente entre cada uno de los componentes de la sociedad y su contribución a la continuidad de la sociedad en su conjunto. El análisis de las creencias religiosas o de las costumbres, por ejemplo, nos ha de mostrar su relación con otros aspectos de la sociedad como, por ejemplo, el Derecho o la moral, la demografía, etc., así como su contribución a la estabilidad social.

Algunos de los principales representantes de esta corriente son Parsons y Merton, muy influenciados por Durkheim:

  • Talcott Parsons (1902-1975) es uno de los principales representantes de la llamada sociología del orden. Insistió en la importancia de los agentes de socialización, como la familia, a la hora de transmitir las normas sociales y generar estabilidad social. Contribuyó también a la teoría de los roles sociales (las diferentes funciones de los individuos en la sociedad y las normas de comportamiento asociadas).
  • Rober Merton (1910-1984) elaboró una teoría de la desviación para explicar los cambios a partir de las propias disfunciones estructurales de una sociedad. Así, por ejemplo, Merton situaba el origen del delito en la sociedad norteamericana en el conflicto generado entre las normas sociales aceptadas (necesidad de tener éxito independientemente del origen social) y la realidad social (incapacidad de poder progresar, en este sentido, si el origen social es bajo o si se pertenece a determinado grupo étnico), de forma que las desigualdades económicas y la ausencia de equidad en las oportunidades que revelan los estudios sociológicos estaría en la base de la desviación social que lleva al delito.

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2.4. Modelos sociológicos del siglo XX

Entre los fundadores clásicos de la sociología (Comte, Marx, Durkheim y Weber) se dan diferentes perspectivas del hecho sociológico. Después de la Primera Guerra Mundial la sociología se extendió y se institucionalizó académica y profesionalmente. Pero la pretensión de llegar a un enfoque teórico único no se consiguió.

La aparición de organismos académicos de sociología provocó:

  • La especialización y la parcelación de la sociología.
  • La cooperación interdisciplinaria entre todas las ciencias sociales.
  • El desarrollo de métodos y técnicas de investigación social.

En relación a estos hechos aparecen diferentes corrientes sociológicas: El estructural-funcionalismo, el interaccionismo simbólico y la Escuela de Frankfurt, principalmente.

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2.3. Los clásicos

2.3.2. Max Weber

Max Weber (1864-1920), sociólogo alemán, mantuvo que el objetivo de la sociología no es tanto descubrir las leyes sociales de forma causal, como mantenía Comte, sino, más bien, la comprensión de los fenómenos sociales desde su interior y el porqué de su evolución histórica.

Weber será un sociólogo racionalista, en la medida en que considera la razón como una facultad prioritaria del conocimiento.

Aunque siguió en parte la explicación sociológica de Marx, Weber rechazó su materialismo histórico por economicista, y consideró que los conflictos de clase, pese a ser importantes, no tenían la relevancia que Marx les otorgaba. Según Weber, el impacto de las ideas, los valores y las creencias sobre los cambios sociales es también especialmente significativo. De hecho, para él, la motivación y las ideas del ser humano son grandes fuerzas que impulsan al cambio. Un análisis comparativo entre la religiosidad de las sociedades occidentales y las de otras civilizaciones le permitió observar esta relevancia.

En este sentido, en su obra de referencia, La ética del protestantismo y el espíritu del capitalismo (1908), Weber llega a formular una de sus tesis fundamentales, que ciertos aspectos de la doctrina cristiana (especialmente el protestantismo) habían tenido un papel fundamental en la aparición del capitalismo. La creencia propia del protestantismo de la necesidad de una vida austera, pero haciéndola compatible con la legitimidad de buscar racionalmente el beneficio económico (el enriquecimiento puede ser considerado en el calvinismo incluso como una señal de predestinación a la salvación), así como la consideración del trabajo y su sacrificio como un bien, generaron las condiciones adecuadas para el surgimiento del capitalismo, en contraposición a otras creencias religiosas que veían negativamente la búsqueda del propio beneficio o consideraban el trabajo como una condena. De esta forma, Weber resalta como las ideas y valores culturales ayudan a la constitución de una sociedad y conforman nuestras acciones individuales.

Otro de los conceptos fundamentales que Weber aportó a la sociología es el de racionalización. Mientras que en las sociedades tradicionales los principales componentes que configuraban las actitudes y los valores eran la religión y las creencias tradicionales basadas en la superstición, la costumbre y los hábitos enraizados socialmente, en las sociedades modernas estas creencias estaban siendo substituidas por cálculos racionales e instrumentales que tenían más en consideración la eficiencia y la visión de futuro que las propias tradiciones. En este sentido, la ciencia (que posibilita la tecnología moderna) y la burocracia (única forma de organización eficaz de los numerosos grupos de personas) propias de las sociedades modernas contribuyen notablemente a esta racionalización, que busca la manera más eficiente de generar riqueza y que será especialmente importante en la generación de cambios económicos, políticos y sociales.

Weber pensó, sin embargo, que este proceso de racionalización propio de las sociedades modernas puede producir desencanto entre la población por la pérdida de los elementos sentimentales que tenían las sociedades tradicionales y, por otra parte, advierte de las posibles consecuencias asfixiantes y deshumanizadoras de la moderna burocracia, así como de los peligros que comporta para la democracia.

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2.3. Los clásicos

2.3.1. Émile Durkheim

Émile Durkheim (1858-1917), sociólogo francés, creía, como Comte, que la sociedad tenía que ser estudiada con la misma objetividad con que los científicos estudian la naturaleza. Durkheim era un autor empirista, en la medida en que creía que la experiencia era el medio principal del conocimiento y que nos teníamos que alejar de especulaciones no fundamentadas en la experiencia. Si la sociología pretende ser científica, ha de estudiar los hechos sociales que dan forma a las acciones de los individuos, como si fuesen cosas estudiadas por las ciencias naturales, abandonando los prejuicios y la ideología.

En este sentido, Durkheim diferencia entre hechos sociales materiales, como por ejemplo las instituciones como el Estado o la Iglesia, y hechos sociales inmateriales, como por ejemplo las creencias morales y religiosas, las ideologías, etc.

Durkheim pensaba que estudiando las sociedades a lo largo de la historia se podía hablar de dos tipos de sociedades, las primitivas y las modernas:

  • Sociedades tradicionales y primitivas: con poca población y bajo nivel de interacción, caracterizadas por no tener una estricta división del trabajo (especialización de la población trabajadora en las diferentes ocupaciones) y tener una solidaridad mecánica (unión social espontánea por el hecho de compartir experiencias comunes) y una fuerte presión social sobre el individuo a partir de las creencias y los valores compartidos, que hace difícil el disentimiento.
  • Sociedades modernas: con un incremento notable de población y la subsiguiente división del trabajo y diferenciación social, han roto el tipo de solidaridad mecánica propia de las sociedades tradicionales, y han generado un tipo de solidaridad orgánica, es decir, la cohesión social viene determinada no por la comunidad de creencias, como en las sociedades tradicionales, sino por la interdependencia económica de las personas y el reconocimiento de la importancia de las aportaciones ajenas. A medida que se extiende la división del trabajo y se diversifica la sociedad, baja la conciencia colectiva, se desdibujan las creencias comunes (ideas religiosas, valores morales, normas sociales, etc.), y se genera una debilitación de la presión social que Durkheim denominó anomía.

El concepto de anomía es una de las grandes aportaciones de Durkheim al análisis sociológico. La anomía es un fenómeno de falta de criterio social orientativo, la sensación de la falta de sentido propia de las sociedades modernas, donde la religión ha perdido influencia y las ideas morales ya no cumplen con eficacia la orientación de la conducta; ya no tienen un carácter suficientemente regulativo del comportamiento, de forma que es necesaria la implantación progresiva de leyes externas que regulen el control de la conducta, para no poner en peligro la cohesión social.

Otra de las grandes aportaciones de Durkheim a la sociología es su análisis del suicidio. A pesar de que el suicidio parece un acto puramente individual, fruto de la profunda infelicidad de los individuos y objeto de estudio exclusivo de la psicología, Durkheim afirma que los factores sociales tienen una influencia decisiva en el comportamiento del suicida, siendo la anomía uno de estos factores. El estudio sociológico puede ayudar a explicar el por qué de las pautas regulares del suicidio en una sociedad concreta.

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2.2. Los precursores

2.2.2. Karl Marx

Karl Marx (1818-1883), también intentó explicar la situación conflictiva y los cambios que se produjeron como consecuencia de la Revolución industrial.

Karl Marx, al igual que su antecesor Ludwig Feuerbach y su coetáneo Friedrich Engels, fue un autor materialista que consideraba que los elementos materiales o la materia era la substancia originaria de todo. Marx creía que en la explicación de las sociedades se había olvidado el componente material que las explica.

En sus estudios sobre el desarrollo del modo de producción capitalista propio de la industrialización, Marx llegó a la conclusión de que hay ciertas constantes que permiten explicar los cambios sociales.

En primer lugar, Marx llegó a la conclusión de que en el proceso de producción, los diferentes sistemas económicos conocidos a lo largo de la historia (el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo) siempre han presentado una característica común. La producción se ha organizado de forma que una parte de la población era propietaria de los medios de producción (propiedad de las tierras o de las fábricas), y otra parte de la población sólo tenía fuerza de trabajo (capacidad para trabajar esencialmente con sus manos), de forma que esta situación daba lugar a la generación de clases sociales diferentes. Según Marx, esa clase social que capitaliza y posee en propiedad los medios de producción y monopoliza, por tanto, el poder económico y político, acaba por generar situaciones de miseria a la clase social que sólo posee su fuerza de trabajo, que se encuentra desposeída de las riquezas que genera su trabajo. En último término, afirma Marx, todas las relaciones sociales de la historia conocida de Occidente se dejan reducir a un antagonismo entre explotadores (propietarios) y explotados (trabajadores).

De esta visión deriva una de las tesis más importante de Marx: la historia de las sociedades es la historia de los conflictos sociales, o, como dijo él, la lucha de clases: “la historia de todas las sociedades humanas que ha habido hasta hoy ha sido la historia de la lucha de clases”. Estos conflictos son, inexorablemente, la base del cambio social, ya que el antagonismo entre clases acaba generando un cambio social: habitualmente en forma de revoluciones: revoluciones esclavistas que dieron lugar a la substitución del sistema esclavista por el feudal; revoluciones campesinas, que generaron la substitución del sistema feudal por el capitalista, … y (vaticina Marx) revoluciones obreras y proletarias, que acabaran por derrocar el sistema productivo capitalista e instaurarán el comunismo, una forma de producción que acabará con los antagonismos sociales porque al hacer que la propiedad de los medios de producción (tierras y fábricas) sea colectiva, generará la desaparición de las clases sociales y de explotación de unos sobre otros.

Además de esta visión sobre el carácter conflictivo de las sociedades, otra de las principales aportaciones de Marx a la sociología es la concepción que se denomina materialismo histórico. Según el materialismo histórico de Marx, la actividad productiva del ser humano (la infraestructura económica o base real) determina, directa o indirectamente, su vida “espiritual” (superestructura), es decir, su vida política y jurídica, su moralidad, su religión, su arte y su filosofía. Así, los cambios en las condiciones materiales de existencia son el fundamento de los cambios sociales y culturales. Para Marx, la desaparición de unos antagonismos de clase y su substitución por otros nuevos no se debe a factores ideológicos, sino a las necesidades de la propia estructura económica. Así, por ejemplo, el antagonismo hombre libre/esclavo se superó cuando las relaciones de producción se volvieron insostenibles. Lo mismo sucedió con la lucha de siervos y señores.

La obra de Marx tuvo una gran influencia no sólo en el análisis sociológico, sino también en el mundo social del siglo XX, inspirando revoluciones y transformaciones sociales de primer orden.

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2.2. Los precursores

2.2.1. Auguste Comte

Auguste Comte (1798-1857), el filósofo positivista que acuñó el término sociología, es considerado el primer sociólogo, en la medida en que intentó explicar las leyes que rigen el mundo social de la misma forma que las ciencias naturales explicaban el funcionamiento del mundo físico. Comte creía que la sociología tenía que ser una ciencia positiva, es decir, una ciencia que, más que hacer especulaciones, estudiara los fenómenos observables a través de la experiencia. Según Comte, como consecuencia de esta observación rigurosa de los hechos podremos encontrar las leyes generales que regulan la estructura, el orden y el desarrollo de la sociedad. La finalidad del conocimiento sociológico es la de promover el progreso social y erradicar la falta de cohesión que había generado la desigualdad social asociada a la industrialización.

Comte estaba convencido de que había descubierto la ley científica que explicaba la estructura de la sociedad y los cambios que en ella se producían: la ley de los tres estadios. Según esta ley la humanidad ha pasado en su progreso por tres estadios sucesivos:

  • El estado teológico, que se caracteriza por el hecho de que los fenómenos naturales se explican por la intervención de fuerzas sobrenaturales (divinidades).
  • El estado metafísico, se caracteriza porque defiende que las fuerzas que causan los fenómenos no son fenómenos sobrenaturales sino entidades abstractas (el Espíritu, el alma, etc.).
  • El estado positivo o científico, que, renunciando a un conocimiento absoluto de las causas últimas que rigen el universo, se caracteriza por el hecho de querer descubrir las leyes según las cuales los hechos se encadenan. Si conocemos estas leyes mediante la observación y la razón, podremos prever el fenómeno que seguirá a un hecho determinado y, además, podremos modificar el segundo hecho, actuando sobre el primero.

Según Comte, todas las ciencias (astronomía, física, química, biología) culminan en la sociología, la ciencia natural menos extensa y la más compleja.

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